miércoles, marzo 04, 2015
Anoche
Al fin! He vuelto! Siento la brisa tibia en mi cara. Con los lentes de sol miro hacia el horizonte, qué lindo que es Buenos Aires, con sus canales y sus góndolas, el sol VanGoghesco al fondo, naranja y amarillo, calentando la playa de San Telmo, los pisos adoquinados al frente del malecón, el ruido de los buses y los autos, y las montañas al fondo. He vuelto, y sigue siendo igual a la última vez que vine. Espero a Juanito que sigue en el departamento. Quiero salir ya a caminar por toda la Avenida Santa Fe, siguiendo los pasos de mi yo pasado para confirmar esa teoría antiquísima que dice que ni el Rio de la PLata, ni yo somos los mismos ahora, tantos años después. Juan sale del departamento en el edificio donde siempre ha vivido, ahí al frente del malecón. Tengo que ir a la facu, me dice. Es el bus número quince, o el cincuenta y uno. Mi dislexia numérica no me deja ver bien el número del enorme bus rojo. Me cuenta Juanito que ahora hay más tráfico y que el transporte público es terrible, y me doy cuenta al mirar que en el techo y sobre el parachoques del bus hay gente colgando, cual tren de la India, o tren de Constitución, para ir a la Ciudad Universitaria. Juan espera el bus que viene justo detrás, se sube al parachoques del frente e inclina un poco la cabeza a su izquierda para que el chofer del bus pueda ver. Me saluda con la mano derecha, mientras que con la izquierda se agarra del Logo de VolksWagen enorme que tiene el bus al frente, y se va sonriendo, con lentes de sol, con la brisa del mar en su cara a estudiar. Yo decido que no tomaré ni un bus, ni el subte. Prefiero caminar por la Avenida Santa Fe, siguiendo los pasos de mi yo pasado para confirmar esa teoría antiquísima que dice que ni el Rio de la PLata, ni yo somos los mismos ahora; para ver la gente linda porteña, y los perros que cagan y orinan por todo lado, y los vendedores de flores en cada esquina y los kioscos de revistas que nadie compra. Qué lindo que es volver, qué lindo que es caminar por la Avenida Santa Fe, pero qué pesar, qué tristeza, porque acabo de recordar que Buenos Aires no tiene canales ni góndolas, ni playa, ni malecón al frente del mar. Pronto voy a despertar.
viernes, agosto 29, 2014
Parque Lezama
Parque Lezama. Te amo y te odio con toda mi alma. Me sacas lágrimas de alegría y de dolor cuando te recuerdo. Cuando te huelo en mi pensamiento y mis recuerdos, cuando veo tu verde acartonado y tu calecita moribunda con mis ojos cerrados. Te odio y te maldigo, te amo y te bendigo, siempre todo al mismo tiempo. Mi mezcolanza de sentimientos hacia ti me aturde y me cansa.
Me agota.
Maldito Parque que me viste llorar, sollozar y desvanecerme en odio. Bendito parque que me acogiste con mate, y cigarrillos, que me abrigaste en tu frío césped mientras mi cabeza se apoyaba en su pierna. Y miraba tus árboles secos, verdes, muertos, estáticos, observadores de mi felicidad, envidiosos de mi cabeza en su pierna. Maldito parque que me juzgaste, me señalaste, me despreciaste, y te burlaste de mi cabeza en su pierna.
Ansío verte una vez más y maldeciré el momento en que eso pase. Porque te odio. Porque te amo. Porque nunca podré ser quien era cuando te conocí, y te amo por eso. Y porque nunca podré ser quien era cuando te conocí y te odio por eso. Ya está, no más. No te quiero pensar más.
jueves, marzo 10, 2011
La raza negra argentina
Desde que llegué a Buenos Aires en febrero de 2007 siempre me pregunté cómo podía ser que hubiera tan poco afrodescendiente en una ciudad tan culturalmente diversa. También supe después que en el pasado, gran cantidad del comercio en el cono sur se hacía a partir del Puerto de Buenos Aires, uno de los más importantes en la época colonial; de esto deduzco que el comercio de negros esclavos también se hacía en Buenos Aires, así como ocurría en Cartagena de Indias al norte de Colombia, donde actualmente la raza predominante es la negra. Si esto es así, entonces, ¿Qué pasó con la raza negra en la Argentina?.
De la actual población, se estima que un 2% o 3% tiene ascendencia africana, cuando en la época colonial consituían casi una tercera parte de la población.
"La desaparición de los negros de la escena argentina ha intrigado mucho más a los demógrafos que la desaparición de los indios." describe un tal señor James Scobie según Lanata.
Jorge Lanata, en su libro "Argentinos, Quinientos años entre el cielo y el infierno" da como posibles causas tres teorías:
1. La masiva participación de la raza negra en la primera línea de combate en las guerras de independencia, en los enfrentamientos contra Brasil y Paraguay y en las guerras civiles, ya que según la ley, los esclavos que prestaran un servicio a la patria serían dejados en libertad (también anota que de los 688 negros que defendieron a Buenos Aires en las invasiones inglesas, el Cabildo otorgó libertad a 22). de ahi que más de una tercera parte del Leal Ejercito de Infantería de San Martin fuera de negros. Casi la mitad del Ejercito que sitió Montevideo encabezado por el General Rondeau, era afroamericano.
2. El mestizaje, suponiéndose que las mujeres de raza negra buscaban hombres blancos para que su linaje pudiera obtener una mayor movilidad social.
3. La alta tasa de mortalidad.
Uno de los primeros depósitos de negros en Buenos Aires, donde se "clasificaban y contaban cabezas", se encontraba a menos de dos cuadras de mi última casa en Buenos Aires: El parque Lezama, en San Telmo, donde se medían y se determinaban posibles fallas en los esclavos: raquitismo, deformaciones, pérdida de miembros o si eran muy jóvenes o viejos para trabajar, para luego proceder con el "marcado" hecho en el pecho o en la espalda, como se marca el ganado en el campo.
Los negros tenían prohíbida cualquier participación política así hubieran ganado su libertad y en las escuelas no eran bienvenidos. Negros y mulatos eran castigados si se les encontraba leyendo o escribiendo.
Ya después de abolida la esclavitud en la República Argentina, los hombres y mujeres de raza negra, ahora libres seguían estando en el sótano de la pirámide social, muchos volvían a servir a sus antiguos amos ya que no encontraban nada más qué hacer.
Las primeras "colonias" negras en Buenos Aires se formaron en el barrio de San Telmo y Monserrat, por las calles Independencia, Chile y México, donde se dividían según el lugar africano de donde provenían. Aún mucho después de que el hombre afroamericano fuera una persona libre, se le prohibió bailar en las calles (1822), también se prohibieron los batuques y candombes tres años después. Clandestinamente bailaban en los llamados "quilombos" que muchos años después surgieron como un lugar popular y demandado por gran parte de la población porteña.
Para después de 1853, la población negra "misteriosamente" había descendido a un 2.5%. Bueno, algo aprendí, aunque mi duda no fue del todo resuelta. Si esa misteriosa desaparición no hubiera ocurrido, si tanto italiano y español no hubiera inmigrado un siglo después, seguramente Buenos Aires sería otro Cartagena de Indias.
Pd: Gracias Sebas por el libro.
Fuente: "argentinos: Quinientos años entre el cielo y el infierno" de Jorge Lanata
De la actual población, se estima que un 2% o 3% tiene ascendencia africana, cuando en la época colonial consituían casi una tercera parte de la población.
"La desaparición de los negros de la escena argentina ha intrigado mucho más a los demógrafos que la desaparición de los indios." describe un tal señor James Scobie según Lanata.
Jorge Lanata, en su libro "Argentinos, Quinientos años entre el cielo y el infierno" da como posibles causas tres teorías:
1. La masiva participación de la raza negra en la primera línea de combate en las guerras de independencia, en los enfrentamientos contra Brasil y Paraguay y en las guerras civiles, ya que según la ley, los esclavos que prestaran un servicio a la patria serían dejados en libertad (también anota que de los 688 negros que defendieron a Buenos Aires en las invasiones inglesas, el Cabildo otorgó libertad a 22). de ahi que más de una tercera parte del Leal Ejercito de Infantería de San Martin fuera de negros. Casi la mitad del Ejercito que sitió Montevideo encabezado por el General Rondeau, era afroamericano.
2. El mestizaje, suponiéndose que las mujeres de raza negra buscaban hombres blancos para que su linaje pudiera obtener una mayor movilidad social.
3. La alta tasa de mortalidad.
Uno de los primeros depósitos de negros en Buenos Aires, donde se "clasificaban y contaban cabezas", se encontraba a menos de dos cuadras de mi última casa en Buenos Aires: El parque Lezama, en San Telmo, donde se medían y se determinaban posibles fallas en los esclavos: raquitismo, deformaciones, pérdida de miembros o si eran muy jóvenes o viejos para trabajar, para luego proceder con el "marcado" hecho en el pecho o en la espalda, como se marca el ganado en el campo.
Los negros tenían prohíbida cualquier participación política así hubieran ganado su libertad y en las escuelas no eran bienvenidos. Negros y mulatos eran castigados si se les encontraba leyendo o escribiendo.
Ya después de abolida la esclavitud en la República Argentina, los hombres y mujeres de raza negra, ahora libres seguían estando en el sótano de la pirámide social, muchos volvían a servir a sus antiguos amos ya que no encontraban nada más qué hacer.
Las primeras "colonias" negras en Buenos Aires se formaron en el barrio de San Telmo y Monserrat, por las calles Independencia, Chile y México, donde se dividían según el lugar africano de donde provenían. Aún mucho después de que el hombre afroamericano fuera una persona libre, se le prohibió bailar en las calles (1822), también se prohibieron los batuques y candombes tres años después. Clandestinamente bailaban en los llamados "quilombos" que muchos años después surgieron como un lugar popular y demandado por gran parte de la población porteña.
Para después de 1853, la población negra "misteriosamente" había descendido a un 2.5%. Bueno, algo aprendí, aunque mi duda no fue del todo resuelta. Si esa misteriosa desaparición no hubiera ocurrido, si tanto italiano y español no hubiera inmigrado un siglo después, seguramente Buenos Aires sería otro Cartagena de Indias.
Pd: Gracias Sebas por el libro.
Fuente: "argentinos: Quinientos años entre el cielo y el infierno" de Jorge Lanata
miércoles, enero 26, 2011
Una respuesta inolvidable
-Pero contame, te pasó algo o es por lo que me dijiste hoy que estuviste triste?
-No me pasó nada. Solo que quiero estar contigo ya. Quiero darte besos, quiero acariciarte la cara, tocar tu pelo, darte la mano, hacerte cosquillas y que me odies por eso, quiero que me compres Gatorade y me hagas sopa un sábado a las 12 del mediodía con mucho guayabo, quiero acostarme en tu pecho y que me abraces mientras tanto, quiero hacer cucharita y cagarme de calor al lado tuyo en nuestra cama, quiero tener conversaciones banales y conversaciones interesantes mientras miramos hacia arriba buscando el edificio o casa de nuestros sueños, quiero discutir por cosas tontas para poder después reconciliarnos con un beso, quiero ver youtube y series online a tu lado, quiero terminar de ver avatar contigo y mirarte durante un segundo para entender qué piensas mientras miras la pantalla. Quiero bañarme contigo y que me eches champú y jabón y yo hacer lo mismo y secarnos mutuamente y después acostarnos desnudos y hablar un poco mas. Quiero todo eso.
Extraño todo lo que hacíamos y eramos el año pasado. Por eso estuve triste. Pero con saber que me amas y que nos veremos pronto ya estoy mejor. Te adoro.
-No me pasó nada. Solo que quiero estar contigo ya. Quiero darte besos, quiero acariciarte la cara, tocar tu pelo, darte la mano, hacerte cosquillas y que me odies por eso, quiero que me compres Gatorade y me hagas sopa un sábado a las 12 del mediodía con mucho guayabo, quiero acostarme en tu pecho y que me abraces mientras tanto, quiero hacer cucharita y cagarme de calor al lado tuyo en nuestra cama, quiero tener conversaciones banales y conversaciones interesantes mientras miramos hacia arriba buscando el edificio o casa de nuestros sueños, quiero discutir por cosas tontas para poder después reconciliarnos con un beso, quiero ver youtube y series online a tu lado, quiero terminar de ver avatar contigo y mirarte durante un segundo para entender qué piensas mientras miras la pantalla. Quiero bañarme contigo y que me eches champú y jabón y yo hacer lo mismo y secarnos mutuamente y después acostarnos desnudos y hablar un poco mas. Quiero todo eso.
Extraño todo lo que hacíamos y eramos el año pasado. Por eso estuve triste. Pero con saber que me amas y que nos veremos pronto ya estoy mejor. Te adoro.
martes, febrero 23, 2010
Sonrisas
Su sonrisa. No. Su sonrisa no, porque no es sólo una. Son sus sonrisas. Definitivamente si tuviera que buscar algo único en él, que sea distinto, que me sorprenda y me fascine, serían sus sonrisas. Su sonrisa pícara cuando me mira de modo lujurioso o cuando acerca su mano a la mía cuando caminamos por la calle y la rosa por solo un momento, casi instantáneo y yo miro hacia atrás para ver que nadie vio semejante ofensa al status quo que sólo yo retengo en mi cabeza y lo miro sorprendido como preguntándole por qué lo hizo y me mira y sonríe porque le divierte verme nervioso y mira hacia delante ahora con su sonrisa de orgullo, porque sé que le gusta cuando yo soy el que me porto como niño y él como adulto. Y sonríe como diciendo “pobre infante” y yo lo quiero matar, pero no del todo porque termino sonriendo con él. Porque me gusta verlo sonreír.
La sonrisa mas divertida obviamente es la de diversión, cuando algo le divierte lo suficiente como para no solo sonreír con sus labios sino con sus dientes también pero no tanto como para reírse, entonces cierra los ojos mucho y sus mejillas se suben mucho, no sé si él se da cuenta de su sonrisa de diversión, si la hace a propósito, pero le sale perfecta. Su sonrisa de diversión casi siempre le sale cuando yo me golpeo o me asusto, porque no quiere reírse en mi cara pero no aguanta tanto como para no sonreír mucho. Ahí también lo quiero matar, y puede que me cueste un tiempo sonreír con él. A veces no lo hago. Porque odio q se rían de mi, o, en este caso, q se sonrían de mi. Pero eso no le quita q sea su sonrisa mas divertida.
Me gusta la sonrisa del te quiero del te amo del me importas me gustas la sonrisa del te quiero acariciar la cara, esa es mi favorita porque sé que es exclusiva para mi. Me gusta aún mas cuando esta sonrisa en verdad se combina con su mano en mi cara.
Pero lo que mas me sorprende y la que no me puedo quitar de la cabeza cada vez que pienso en su sonrisa, es cuando está dormido. Por ahí dicen que si te gusta como duerme tu pareja, si te quedas mirando a tu pareja cuando duerme y te gusta y te parece tierno, inolvidable es porque estás enamorado. Ahora, todo eso se multiplica cuando él duerme, yo lo miro sólo porque no puedo dormir, porque me tiene apretujado contra la pared y pienso casi con culpa que preferirías dormir solo y de repente miro, y el agarra mi mano, sin abrir los ojos, la pone en su pecho, bosteza y poco a poco sonríe. Sonríe dormido a mi lado, sin saber que yo lo miro y sonrío con él.
La sonrisa mas divertida obviamente es la de diversión, cuando algo le divierte lo suficiente como para no solo sonreír con sus labios sino con sus dientes también pero no tanto como para reírse, entonces cierra los ojos mucho y sus mejillas se suben mucho, no sé si él se da cuenta de su sonrisa de diversión, si la hace a propósito, pero le sale perfecta. Su sonrisa de diversión casi siempre le sale cuando yo me golpeo o me asusto, porque no quiere reírse en mi cara pero no aguanta tanto como para no sonreír mucho. Ahí también lo quiero matar, y puede que me cueste un tiempo sonreír con él. A veces no lo hago. Porque odio q se rían de mi, o, en este caso, q se sonrían de mi. Pero eso no le quita q sea su sonrisa mas divertida.
Me gusta la sonrisa del te quiero del te amo del me importas me gustas la sonrisa del te quiero acariciar la cara, esa es mi favorita porque sé que es exclusiva para mi. Me gusta aún mas cuando esta sonrisa en verdad se combina con su mano en mi cara.
Pero lo que mas me sorprende y la que no me puedo quitar de la cabeza cada vez que pienso en su sonrisa, es cuando está dormido. Por ahí dicen que si te gusta como duerme tu pareja, si te quedas mirando a tu pareja cuando duerme y te gusta y te parece tierno, inolvidable es porque estás enamorado. Ahora, todo eso se multiplica cuando él duerme, yo lo miro sólo porque no puedo dormir, porque me tiene apretujado contra la pared y pienso casi con culpa que preferirías dormir solo y de repente miro, y el agarra mi mano, sin abrir los ojos, la pone en su pecho, bosteza y poco a poco sonríe. Sonríe dormido a mi lado, sin saber que yo lo miro y sonrío con él.
martes, mayo 12, 2009
El Premio
Una vez me gané un premio al mejor cuento. Estaba en el colegio, tenía unos nueve o diez años y la profesora minúscula y pelipintada casi oxigenada vestida con jean a la cintura, maquillaje multicolor, pañuelo en la cabeza y todos los demás clichés que se pueda poner una profesora de primaria nos avisó del concurso de cuento infantil que se hacía anualmente en el colegio. Mas de un par de veces mientras nos contaba cómo era la cuestión del concurso me miró directamente a los ojos, y era porque yo era su preferido, o eso creía yo por lo menos. La profesora ya me había dicho que tenía la mejor ortografía y la peor caligrafía del salón si es que no era de todo el tercer grado. El único, junto Jorge Chacón, que escribía en letra despegada en tercer año, porque siempre enseñaban a escribir en esos cuadernos de ferrocarril la letra cursiva que era la letra de los doctores, los abogados o los políticos, en fin, la gente importante, útil y culta del país. Y digo que creía ser su favorito por la ortografía, pero tal vez lo que ella sentía era un poco de predilección y un poco de lástima de que un niño con tan buena ortografía escribiera como un payaso, un dueño de carnicería o un lechero que era la gente no importante e inculta del país. Tal vez me veía como el niño de la telenovela que tenía cara de ternero degollado, que su mamá había muerto quemada en la granja donde ellos dos vivían y el había quedado huérfano y viviendo sólo en la capital, robando y comiendo en la calle, pero que todos sabíamos que era un buen niño de un gran corazón y que al final encontraba a su abuela que era de la crema y nata de la alta sociedad, una vieja con mucha plata pero, como su nieto, de gran corazón y el niño terminaba siendo amado y querido entre millones de pesos y vivía feliz por siempre. Y la profesora Janeth tal vez estaba esperando a que yo, siendo el niño huérfano de caligrafía, pudiera, de todas maneras, ser feliz por siempre, triunfar.
¿Cómo podía yo desaprovechar esa ocasión? Tenía que fajarme con un cuento perfecto, prolijo, creativo, imaginativo, vivaz, como los que leía yo del pequeño Nicolás o del hombre que tenía la nariz más grande del mundo o del hombre que calculaba o de la ratoncita niña. Pero el cuento no se podía entregar impreso en el WordPerfect de mi IBM con windows 3.1, porque no todos los niños tenían computadores y porque querían que el cuento trayera también ilustraciones hechas por los mismos autores de las pequeñas obras literarias. Así que lo teníamos que entregar a mano, en un formato creativo, y con nuestros propios dibujos.
Aún así gané el Premio. Lo escribí en letra cursiva como los políticos. Busqué un libro que mi mamá me había regalado en Madrid en una tienda donde yo daba los nombres de mi familia y mis amigos, y me entregaban el libro con esos nombres como protagonistas, lo leí de nuevo, y para no quedar muy atrás de los políticos de mi país, lo copié letra por letra. Y para hacerle aún más honor a la gente que escribía letra cursiva, calqué los dibujos que venían en el librito de trece por trece centímetros, con tapa dura color aguamarina y que se titulaba "El planeta de los Dinosaurios". Le puse mi nombre al final y lo entregué, creyendo que haría feliz a mi profesora y hasta ahí llegaría la historia.
Una semana después se reunió todo el colegio San Pedro (primaria no más porque los grandes de bachillerato estaban en otra sede) para la izada de bandera de todos los lunes. Ya casi al final de toda la parafernalia el director/a que ni me acuerdo quien era nos dijo que habían elegido el mejor cuento de todo el colegio para que participara en nombre de éste en el concurso de toda la ciudad y de ahí a nivel nacional. El ganador obviamente fue Jorge Iván Jiménez Almanza del curso tercero A.
Duré con vacío en el estómago durante las siguientes dos semanas, esperando lo peor, terminando en la cárcel para niños, desprestigiando el nombre de mi familia y del colegio, hundido en el desprecio y en la humillación de todos cuando se dieran cuenta de que el niño de la letra despegada había robado el cuento de un libro que le había regalado su mamá y mi mamá no podría verme a la cara y mi papá me desheredaría y todos se burlarían de mi. Pero no. Lo que no les saqué en caligrafía a los políticos, se los saqué en suerte, y tengo el diploma del premio al mejor cuento colgado en mi pared:
a Jorge Iván Jiménez Almanza por el cuento "El planeta de los Dinosaurios"
¿Cómo podía yo desaprovechar esa ocasión? Tenía que fajarme con un cuento perfecto, prolijo, creativo, imaginativo, vivaz, como los que leía yo del pequeño Nicolás o del hombre que tenía la nariz más grande del mundo o del hombre que calculaba o de la ratoncita niña. Pero el cuento no se podía entregar impreso en el WordPerfect de mi IBM con windows 3.1, porque no todos los niños tenían computadores y porque querían que el cuento trayera también ilustraciones hechas por los mismos autores de las pequeñas obras literarias. Así que lo teníamos que entregar a mano, en un formato creativo, y con nuestros propios dibujos.
Aún así gané el Premio. Lo escribí en letra cursiva como los políticos. Busqué un libro que mi mamá me había regalado en Madrid en una tienda donde yo daba los nombres de mi familia y mis amigos, y me entregaban el libro con esos nombres como protagonistas, lo leí de nuevo, y para no quedar muy atrás de los políticos de mi país, lo copié letra por letra. Y para hacerle aún más honor a la gente que escribía letra cursiva, calqué los dibujos que venían en el librito de trece por trece centímetros, con tapa dura color aguamarina y que se titulaba "El planeta de los Dinosaurios". Le puse mi nombre al final y lo entregué, creyendo que haría feliz a mi profesora y hasta ahí llegaría la historia.
Una semana después se reunió todo el colegio San Pedro (primaria no más porque los grandes de bachillerato estaban en otra sede) para la izada de bandera de todos los lunes. Ya casi al final de toda la parafernalia el director/a que ni me acuerdo quien era nos dijo que habían elegido el mejor cuento de todo el colegio para que participara en nombre de éste en el concurso de toda la ciudad y de ahí a nivel nacional. El ganador obviamente fue Jorge Iván Jiménez Almanza del curso tercero A.
Duré con vacío en el estómago durante las siguientes dos semanas, esperando lo peor, terminando en la cárcel para niños, desprestigiando el nombre de mi familia y del colegio, hundido en el desprecio y en la humillación de todos cuando se dieran cuenta de que el niño de la letra despegada había robado el cuento de un libro que le había regalado su mamá y mi mamá no podría verme a la cara y mi papá me desheredaría y todos se burlarían de mi. Pero no. Lo que no les saqué en caligrafía a los políticos, se los saqué en suerte, y tengo el diploma del premio al mejor cuento colgado en mi pared:
a Jorge Iván Jiménez Almanza por el cuento "El planeta de los Dinosaurios"
jueves, abril 02, 2009
Curso de Programación Neuro-Lingüística
-Centro de Humanidades?
-Buenas señorita, llamo porque me dieron un volante sobre un curso de programación neuro-lingüistica.
- Ah, si claro. Pero ese curso empieza hasta el próximo año.
- Bueno, pero me gustaría saber algo más sobre el curso.
- Si, claro, señor. Me podría dar su nombre?
- Jorge Jimenez
- Señor Javier, ya vio nuestra pagina en internet?
- Es Jorge.
- Si, señor Jorge. Ya vio nuestra página en internet?
- No, señorita.
- En el volante sale la dirección?
- Si, si, acá sale.
- Bien señor Javier, si entra...
- Es Jorge
- Discúlpeme, señor Jorge, si entra a la página en internet, está toda la información que necesita. Si desea saber sobre precios, puede venir al centro y acá le damos esa información. En el volante está la dirección?
- Si, acá está. Entonces sólo hasta el próximo año?
- Si señor... ... Hasta el próximo año
- Ok, gracias.
-Buenas señorita, llamo porque me dieron un volante sobre un curso de programación neuro-lingüistica.
- Ah, si claro. Pero ese curso empieza hasta el próximo año.
- Bueno, pero me gustaría saber algo más sobre el curso.
- Si, claro, señor. Me podría dar su nombre?
- Jorge Jimenez
- Señor Javier, ya vio nuestra pagina en internet?
- Es Jorge.
- Si, señor Jorge. Ya vio nuestra página en internet?
- No, señorita.
- En el volante sale la dirección?
- Si, si, acá sale.
- Bien señor Javier, si entra...
- Es Jorge
- Discúlpeme, señor Jorge, si entra a la página en internet, está toda la información que necesita. Si desea saber sobre precios, puede venir al centro y acá le damos esa información. En el volante está la dirección?
- Si, acá está. Entonces sólo hasta el próximo año?
- Si señor... ... Hasta el próximo año
- Ok, gracias.
lunes, febrero 16, 2009
El Bus (2)
El día en que Lilia iba a conocer el bus, su papá le compró zapatos de charol. Lilia nunca había tenido zapatos de charol en sus once años de vida, y aunque eran brillantes y bonitos, eran incómodos. Su dedo meñique quedaba apretado al resto de los dedos, asfixiado en el pequeño rincón que su prisión de charol avaramente le había otorgado.
Se puso los zapatos un minuto antes de salir de su casa, cuando ya todos estaban en la puerta y usaban el traje para ir a misa, aunque ese día fuera sábado. No había una sola persona que no estuviera yendo ese día y a esa hora a la plaza central. Era el día de la inauguración del transporte público motorizado en San Antonio, orgullo del departamento y la nación, símbolo de crecimiento, prosperidad y empuje tolimense.
El alcalde y su señora saludaban a la alta alcurnia del pueblo, los grandes hacendados con sus señoras e hijos que hablaban de sus apellidos españoles como si realmente fuera un orgullo tenerlos y reían con burlas y chistes políticos que llegaban de la fría capital. El resto del pueblo se preguntaba lo mismo que Lilia unos días antes. Se preguntaba cómo sería un bus. Se lo imaginó tantas veces, con alas y cañones y plumas y pelo, con hocico y con cola, de color verde, rojo o azul, bizco y hasta ciego. Pero siempre grande. Muy grande.
El hijo del profesor ofreció un pequeño discurso digno del secretario de transporte del municipio e hizo tocar las campanas de la iglesia, se dirigió él mismo a la estación de policía y abrió las puertas del garaje. Desapareció en el fondo y después de un gran estruendo y una humareda, de la oscuridad del garaje apareció una gran caja de lata blanca y roja, con una gran trompa de donde salía un sonido como el de un elefante, pero mucho mas ruidoso e intenso. La gente no habló durante un momento. Todos miraban absortos la lata, esperando algo más. Lilia de repente, dejó de pensar en sus dedos meñiques y tan sólo comparaba en su cabeza todas sus imágenes del bus, con la que tenía al frente, y no estaba decepcionada. De una diminuta ventana al lado de la trompa apareció el secretario y chofer, con su gorra de conductor oficial saludando a la multitud. Todos gritaron y se abrazaron emocionados, la papayera tocó las mejores canciones de la región, mientras todos subían al bus, pagando 30 centavos de peso para poder disfrutar de la gran atracción.
El bus tuvo que hacer mas de 15 vueltas alrededor de la plaza para subir y dejar pasajeros, deseosos de entrar a la gran lata blanca y roja. Lilia subió cuando ya los mas grandes habían dejado espacio para que las mujeres y los niños tuvieran su oportunidad. Saltaba de un lado a otro mirando hacia fuera y saludando a los que estaban en la calle. Después de tres minutos, el bus llegó a su lugar de partida y todos bajaron para darle la oportunidad a los otros cincuenta y dos paisanos.
El alcalde dio por iniciada la fiesta y las botellas de aguardiente y chicha se destaparon con el ritmo de la cumbia, el joropo y la guabina.
Ya para las ocho de la noche, en el bus sólo quedaban unos pocos ebrios gastando sus últimos centavos en otra vuelta a la plaza. La papayera ya había dejado de tocar y Lilia estaba en casa, descalza y con ampollas en los dedos meñiques, contándole a su mamá por octava vez cómo ellas dos habían hecho la fila y habían subido y ella le había dado al señor chofer sesenta centavos, y le había dicho “va exacto, señor chofer”, y su mamá, conciente de que ella también había estado ahí, la oía por octava vez con una sonrisa en la cara y con gestos de sorpresa y alegría.
Se puso los zapatos un minuto antes de salir de su casa, cuando ya todos estaban en la puerta y usaban el traje para ir a misa, aunque ese día fuera sábado. No había una sola persona que no estuviera yendo ese día y a esa hora a la plaza central. Era el día de la inauguración del transporte público motorizado en San Antonio, orgullo del departamento y la nación, símbolo de crecimiento, prosperidad y empuje tolimense.
El alcalde y su señora saludaban a la alta alcurnia del pueblo, los grandes hacendados con sus señoras e hijos que hablaban de sus apellidos españoles como si realmente fuera un orgullo tenerlos y reían con burlas y chistes políticos que llegaban de la fría capital. El resto del pueblo se preguntaba lo mismo que Lilia unos días antes. Se preguntaba cómo sería un bus. Se lo imaginó tantas veces, con alas y cañones y plumas y pelo, con hocico y con cola, de color verde, rojo o azul, bizco y hasta ciego. Pero siempre grande. Muy grande.
El hijo del profesor ofreció un pequeño discurso digno del secretario de transporte del municipio e hizo tocar las campanas de la iglesia, se dirigió él mismo a la estación de policía y abrió las puertas del garaje. Desapareció en el fondo y después de un gran estruendo y una humareda, de la oscuridad del garaje apareció una gran caja de lata blanca y roja, con una gran trompa de donde salía un sonido como el de un elefante, pero mucho mas ruidoso e intenso. La gente no habló durante un momento. Todos miraban absortos la lata, esperando algo más. Lilia de repente, dejó de pensar en sus dedos meñiques y tan sólo comparaba en su cabeza todas sus imágenes del bus, con la que tenía al frente, y no estaba decepcionada. De una diminuta ventana al lado de la trompa apareció el secretario y chofer, con su gorra de conductor oficial saludando a la multitud. Todos gritaron y se abrazaron emocionados, la papayera tocó las mejores canciones de la región, mientras todos subían al bus, pagando 30 centavos de peso para poder disfrutar de la gran atracción.
El bus tuvo que hacer mas de 15 vueltas alrededor de la plaza para subir y dejar pasajeros, deseosos de entrar a la gran lata blanca y roja. Lilia subió cuando ya los mas grandes habían dejado espacio para que las mujeres y los niños tuvieran su oportunidad. Saltaba de un lado a otro mirando hacia fuera y saludando a los que estaban en la calle. Después de tres minutos, el bus llegó a su lugar de partida y todos bajaron para darle la oportunidad a los otros cincuenta y dos paisanos.
El alcalde dio por iniciada la fiesta y las botellas de aguardiente y chicha se destaparon con el ritmo de la cumbia, el joropo y la guabina.
Ya para las ocho de la noche, en el bus sólo quedaban unos pocos ebrios gastando sus últimos centavos en otra vuelta a la plaza. La papayera ya había dejado de tocar y Lilia estaba en casa, descalza y con ampollas en los dedos meñiques, contándole a su mamá por octava vez cómo ellas dos habían hecho la fila y habían subido y ella le había dado al señor chofer sesenta centavos, y le había dicho “va exacto, señor chofer”, y su mamá, conciente de que ella también había estado ahí, la oía por octava vez con una sonrisa en la cara y con gestos de sorpresa y alegría.
lunes, septiembre 29, 2008
Teléfono
En qué íbamos? Ah si, le rompí la nariz al maricón. Con un solo puñetazo lo dejé tirado en el piso, arrastrándose como el maldito gusano que es. Y se lo merecía completamente. Por maricón. Por cobarde. Por estar haciendo cosas a mis espaldas creyendo que yo era un pendejo. Un huevón. Pues para que vaya aprendiendo que yo no soy ningún huevón. Que el que tiene cojones soy yo, que el vivo del cuento terminé siendo yo, y el que se creía tan vivo. Tan sabio el hijueputa. Tan sabio el cagón que porque sabe manejar un celular o un computador se cree mejor que yo. Porque estudió en colegio bilingüe y sabe hablar y escribir inglés perfectamente entonces él es el vivo. Pues no hijueputa, no. A las manos no gana el más sabio. Gana el más macho. Y el mas fuerte. Y como el cacorrito cree que yendo al gimnasio con la mitad de la farándula criolla es fuerte, entonces se me alzó. Pero el más fuerte no es el más bonito. El más fuerte soy yo. Y por eso lo volví mierda. Porque mientras siga viviendo debajo de este techo y entre estas cuatro paredes, tiene que hacer lo que yo diga.
miércoles, septiembre 17, 2008
El Bus (1)

Lilia lo oyó de su padre. Ya las mulas llevaban cuatro días de viaje y tan sólo les faltaban otros tres para llegar a San Antonio con la primera parte. El alcalde había decidido subir un poco más algunos "impuestos" para poder llevar a cabo la hazaña y que su nombre se recordara por siempre en el pueblo, como el hombre que llevó el primer bus a San Antonio.
San Antonio quedaba a 63 kilometros de Ibagué, la capital del Tolima, de donde venían las mulas. Para llegar a San Antonio, el viajero debía apearse a un caballo y andar a través de pequeños pasajes en el medio de la selva durante unos tres días. Pero esta vez, las mulas se demorarían una semana por viaje, ya que transportaban partes de un bus a cuestas.
San Antonio no puede ser ajeno al mundo tecnológico y a los avances de la ciencia. Este bus nos traerá seguramente muchas cosas buenas. El transporte animal quedará en nuestro recuerdo y las cosas serán mucho mejores. Lilia oía a mucha gente de San Antonio hablar sobre el bus, y sobre el gran día en que los ingenieros vendrían a San Antonio, reunirían todas las partes de la máquina y durante varios días se encerrarían con los pedazos de metal para después entregarle al pueblo un bus de pasajeros con capacidad para treinta y dos personas, sin contar el puesto del chofer, que sería Ernulfo Pedraza, el hijo de Santiago Pedraza Perdomo, el maestro de la escuela. Ernulfo estaba siendo capacitado para que, de ser necesario, pudiera desarmar y armar de nuevo el bus en la ausencia de los ingenieros, ponerle el combustible, cambiar las llantas (llevarían doce llantas de repuesto desde la capital y se guardarían en la estación de policia), aprender a manejar, dar reversa, abrir y cerrar las puertas, encender las luces, apagar las luces, pitar, saludar y despedir a cada uno de los pasajeros, parquear el bus en la estación de policía, entre otros. Ernulfo recién había cumplido los dieciocho años y ya era una gran persona importante en San Antonio. Era el director y único funcionario de la secretaría de Transporte del pueblo. Santiago, su padre, no podía sentirse más orgulloso de su hijo.
Lilia no dejaba de preguntarse qué forma tendría un bus. Nunca había visto uno y tampoco había visto ningun dibujo de alguno. Sería redondo? Sería rojo? o verde? Ojalá fuera verde, pensaba, porque ese era el color que más le gustaba a ella. Cada domingo, después de misa de ocho, se quedaba en la plaza, sentada al lado de la estatua de Simon Bolivar para esperar a que llegaran las mulas con otro pedazo del bus, sólo para darse una idea de cómo era. Pero los pedazos eran tan extraños, que la confundían más. A veces eran redondos y pequeños, a veces eran tubos largos y delgados, con nombres raros que le causaban gracia, y se preguntaba cómo la gente iba a andar encima de esas cosas tan feas y duras.
Humor
jueves, agosto 07, 2008
Recuerdo pasajero
Hoy oí de nuevo Thank you, después de muchos meses, y me reí solo y me acordé del enorme monstruo que estuvo a punto de devorarnos una vez en la sala de ese apartamento. Nos habíamos sentado puntualmente a crear la versión pornográfica de la canción de shakira, la de antología. La versión mas guarra de una canción que había visto en mi vida. Si, es verdad, nos divertíamos muy barato, pero la pasábamos genial. Ya habíamos compuesto creo que toda la canción o estábamos a punto de terminarla, verso por verso, que rimara que no quedara tan bonita y limpia. Algo bien porno, sucio, bajo. Ese era el objetivo. De repente, los dos callados mirábamos el papel, buscando alguna palabra que rimara con oral, cuando un bichito diminuto se paró en el papel. Mas pequeño que una mariquita, casi tan pequeño como una pulga voló tranquilamente y se detuvo en el papel. No me acuerdo de su color. Todo fue tan repentino. Leo gritó y saltó del sofá y yo me asusté y boté el papel al piso y grité también, tipo flanders con sus cortinas moradas. Los dos salimos corriendo como si nos persiguiera el mismisimo Lucifer y nos encerramos en el cuarto principal y cuando nos vimos ahí encerrados en un cuarto y palidos por un insecto que pudimos haber matado con nuestro dedo meñique soltamos carcajadas. Reimos por muchisimo tiempo sin parar, nos pusimos rojos de la risa, lloramos y sudamos de la risa y después, con mucha cautela, Leo salió del cuarto, agarró el papel y lo guardó en su billetera.
martes, abril 15, 2008

Dormí en la orilla de la cama, como las anteriores noches. No me movía mucho para no incomodarte. La luz de la laptop debajo de mi cama me molestaba un poco pero no me paré a apagarla, para no despertarte. Esta mañana me desperté muy temprano pero traté de seguir durmiendo, aunque sé que te gusta levantarte temprano, quería estar otro rato contigo en la cama. Me dio frío, qué feo el frío de otoño, tenía poca frazada y halé un poco para mi, después me volteé para tomar tu mano y seguir durmiendo pero no estabas. Abrí los ojos y no estabas. Ah, verdad. Ayer te fuiste a Chile. Miré la mesita y estaban tus mentitas. Esas que tomabas antes de darme un beso en la mañana y yo metía mi cabeza bajo la almohada para no desmayarte con mi aliento matutino y tu te reías. En el baño aun está tu jabón antialérgico criogénico o como se llame. Lo boté. Tus cigarrillos mentolados, los que compraste en Puerto Madero, seguro me los fumaré cuando se acaben mis Marlboro. Ya debes ir mas allá de Mendoza, con el sombrero que te compraste en la feria, durmiendo, seguro, porque llevabas como veinte pastillas para dormir. Y yo estoy en San Telmo.
domingo, febrero 17, 2008
Pasado oloroso
Cítrico, dulce y agrio. Un olor que sólo puedo describir con la lengua. Olores que me transportan a un pasado nostálgico y lejano. El olor del limón y el café, del jabón de mi mamá y el olor de mi cocina. El olor no me podría transmitir mas que recuerdos. Un pequeño cofre de recuerdos nasales, que sin mi pasado serían simples olores, pero con algo de vida transcurrida, se vuelven sentimientos, experiencias, lugares, colores y personas. Un olor no debería ser un olor nunca. No tendría la gracia.
Visión con ojos cerrados
Un paisaje al frente mio, verde y azul. Calmo, natural. Cuatro cuartos conformando un todo. Un cuarto seguirá siendo verde y azul, para no olvidar lo que fue. Otro cuarto con sonrisas de café y pensamientos ahumados por el cigarrillo, impregnados del olor molesto de un cenicero ocre.
El tercero con el frío y húmedo smog de la ciudad gris, lleno de signos de exclamación en cada esquina, donde la letra cursiva e itálica sólo es recordada en libros y todos hablamos en ARIAL BLACK MAYÚSCULA. Blanco y Negro.
El último, el que aún no acaba, el que aún etá borroso, el que aún sigo construyendo. Donde todos los colores aún conviven, los olores aún no son recuerdos y los sonidos se fusionan.
El tercero con el frío y húmedo smog de la ciudad gris, lleno de signos de exclamación en cada esquina, donde la letra cursiva e itálica sólo es recordada en libros y todos hablamos en ARIAL BLACK MAYÚSCULA. Blanco y Negro.
El último, el que aún no acaba, el que aún etá borroso, el que aún sigo construyendo. Donde todos los colores aún conviven, los olores aún no son recuerdos y los sonidos se fusionan.
sábado, noviembre 24, 2007
sueñññññññooooo
No se en dónde lo leí y lo escuché pero,y si realmente soy sólo el sueño de alguien? Si soy el sueño de un caracol en el jardín de Dios, queriendo ser algo más y haya soñado que Dios crea a un hombre y a una mujer y después sueña con mi vida y lo que soy? Siendo un sueño vale la pena lo que soy y lo que hago? Siendo un sueño soy el dueño de mis decisiones? Qué sentirán los personajes de mis sueños si se dan cuenta que sòlo son creación mi inconciente? Ta mañana
viernes, noviembre 23, 2007
2:22

Argentina. Buenos Aires. Calle defensa. Uno dos tres cinco. Sesenta y ocho. Piso ocho. Dos y veintidos de la mañana. Ya es sábado. Sábado 24 de Noviembre. Mañana conoceré, después de diez meses, Caminito. Ya no soy turista, pero pretendo serlo, porque vuelvo a mi país. Tomo vodka, pero esos tragos con gelatina. Hablo de Rafaella Carrá, tomo cerveza y río con mis amigos. Amigos de Perú, de Colombia y Argentina, pero esos tragos con gelatina. Hablo de Daft Punk y el ridículo baile alrededor de una mesa de centro en una sala de Bogotá y me burlo de mí mismo, pero esos tragos con gelatina. Me burlo de él y de ella, de las estrellas del mago o del hada madrina, recuerdo viejos o nuevos tiempos, celebro que Tere está en mi casa y me tomo fotos con ella y con ellos y con todos, pero esos tragos de gelatina. Mañana es mi despedida oficial de Buenos Aires en el 2007 y brindo por eso. Pienso en mi mamá y pienso que no he hablado con ella en mucho tiempo, como tres o cuatro días... Ah, pero esos tragos con gelatina. Me alegro por el regalo que recibo. Fabi y Nia se coparon con el regalo, pero esos tragos con gelatina. Gelatina con vodka, no sabes de lo que te pierdes si no los has probado. Los tragos de gelatina. Y ahora estoy solo y debo irme a dormir para poder ir mañana a caminito. y sigo pensando. ¡Qué tragos de gelatina! 3:33am y a dormir.
lunes, septiembre 24, 2007
Diario de una prostituta
Cuántos me ponés? Y sonrió como si la pregunta como respuesta a la pregunta anterior fuera la mas original y nadie nunca la hubiera usado antes. Yo también le sonreí, pero no le respondí. Tengo 24, le dije después de un rato, demostrando que la cuestión de la adivinanza de la edad no es mi juego favorito. Yo tengo 28, dijo un poco serio. Me volteé a mirarlo para no olvidarme de su cara. Si no te hubiera conocido en esta circunstancia, hubiera podido enamorarme de ti. Se lo dije sin quitarle los ojos de encima. Ahora era él quien no respondía, pero no sonrió. Veinte minutos después de silencio, se levantó de la cama, se vistió y se fue. No lo volví a ver. De todas maneras ya se me olvidó su cara.
lunes, septiembre 10, 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

