lunes, septiembre 29, 2008

Teléfono

En qué íbamos? Ah si, le rompí la nariz al maricón. Con un solo puñetazo lo dejé tirado en el piso, arrastrándose como el maldito gusano que es. Y se lo merecía completamente. Por maricón. Por cobarde. Por estar haciendo cosas a mis espaldas creyendo que yo era un pendejo. Un huevón. Pues para que vaya aprendiendo que yo no soy ningún huevón. Que el que tiene cojones soy yo, que el vivo del cuento terminé siendo yo, y el que se creía tan vivo. Tan sabio el hijueputa. Tan sabio el cagón que porque sabe manejar un celular o un computador se cree mejor que yo. Porque estudió en colegio bilingüe y sabe hablar y escribir inglés perfectamente entonces él es el vivo. Pues no hijueputa, no. A las manos no gana el más sabio. Gana el más macho. Y el mas fuerte. Y como el cacorrito cree que yendo al gimnasio con la mitad de la farándula criolla es fuerte, entonces se me alzó. Pero el más fuerte no es el más bonito. El más fuerte soy yo. Y por eso lo volví mierda. Porque mientras siga viviendo debajo de este techo y entre estas cuatro paredes, tiene que hacer lo que yo diga.

miércoles, septiembre 17, 2008

El Bus (1)


Lilia lo oyó de su padre. Ya las mulas llevaban cuatro días de viaje y tan sólo les faltaban otros tres para llegar a San Antonio con la primera parte. El alcalde había decidido subir un poco más algunos "impuestos" para poder llevar a cabo la hazaña y que su nombre se recordara por siempre en el pueblo, como el hombre que llevó el primer bus a San Antonio.

San Antonio quedaba a 63 kilometros de Ibagué, la capital del Tolima, de donde venían las mulas. Para llegar a San Antonio, el viajero debía apearse a un caballo y andar a través de pequeños pasajes en el medio de la selva durante unos tres días. Pero esta vez, las mulas se demorarían una semana por viaje, ya que transportaban partes de un bus a cuestas.

San Antonio no puede ser ajeno al mundo tecnológico y a los avances de la ciencia. Este bus nos traerá seguramente muchas cosas buenas. El transporte animal quedará en nuestro recuerdo y las cosas serán mucho mejores. Lilia oía a mucha gente de San Antonio hablar sobre el bus, y sobre el gran día en que los ingenieros vendrían a San Antonio, reunirían todas las partes de la máquina y durante varios días se encerrarían con los pedazos de metal para después entregarle al pueblo un bus de pasajeros con capacidad para treinta y dos personas, sin contar el puesto del chofer, que sería Ernulfo Pedraza, el hijo de Santiago Pedraza Perdomo, el maestro de la escuela. Ernulfo estaba siendo capacitado para que, de ser necesario, pudiera desarmar y armar de nuevo el bus en la ausencia de los ingenieros, ponerle el combustible, cambiar las llantas (llevarían doce llantas de repuesto desde la capital y se guardarían en la estación de policia), aprender a manejar, dar reversa, abrir y cerrar las puertas, encender las luces, apagar las luces, pitar, saludar y despedir a cada uno de los pasajeros, parquear el bus en la estación de policía, entre otros. Ernulfo recién había cumplido los dieciocho años y ya era una gran persona importante en San Antonio. Era el director y único funcionario de la secretaría de Transporte del pueblo. Santiago, su padre, no podía sentirse más orgulloso de su hijo.

Lilia no dejaba de preguntarse qué forma tendría un bus. Nunca había visto uno y tampoco había visto ningun dibujo de alguno. Sería redondo? Sería rojo? o verde? Ojalá fuera verde, pensaba, porque ese era el color que más le gustaba a ella. Cada domingo, después de misa de ocho, se quedaba en la plaza, sentada al lado de la estatua de Simon Bolivar para esperar a que llegaran las mulas con otro pedazo del bus, sólo para darse una idea de cómo era. Pero los pedazos eran tan extraños, que la confundían más. A veces eran redondos y pequeños, a veces eran tubos largos y delgados, con nombres raros que le causaban gracia, y se preguntaba cómo la gente iba a andar encima de esas cosas tan feas y duras.

Humor


Denle el sentido que quieran, pero está buena.
El señor Alberto Montt es el autor de la viñeta.
Mas info: http://dosisdiarias.com

jueves, agosto 07, 2008

Recuerdo pasajero

Hoy oí de nuevo Thank you, después de muchos meses, y me reí solo y me acordé del enorme monstruo que estuvo a punto de devorarnos una vez en la sala de ese apartamento. Nos habíamos sentado puntualmente a crear la versión pornográfica de la canción de shakira, la de antología. La versión mas guarra de una canción que había visto en mi vida. Si, es verdad, nos divertíamos muy barato, pero la pasábamos genial. Ya habíamos compuesto creo que toda la canción o estábamos a punto de terminarla, verso por verso, que rimara que no quedara tan bonita y limpia. Algo bien porno, sucio, bajo. Ese era el objetivo. De repente, los dos callados mirábamos el papel, buscando alguna palabra que rimara con oral, cuando un bichito diminuto se paró en el papel. Mas pequeño que una mariquita, casi tan pequeño como una pulga voló tranquilamente y se detuvo en el papel. No me acuerdo de su color. Todo fue tan repentino. Leo gritó y saltó del sofá y yo me asusté y boté el papel al piso y grité también, tipo flanders con sus cortinas moradas. Los dos salimos corriendo como si nos persiguiera el mismisimo Lucifer y nos encerramos en el cuarto principal y cuando nos vimos ahí encerrados en un cuarto y palidos por un insecto que pudimos haber matado con nuestro dedo meñique soltamos carcajadas. Reimos por muchisimo tiempo sin parar, nos pusimos rojos de la risa, lloramos y sudamos de la risa y después, con mucha cautela, Leo salió del cuarto, agarró el papel y lo guardó en su billetera.

martes, abril 15, 2008


Dormí en la orilla de la cama, como las anteriores noches. No me movía mucho para no incomodarte. La luz de la laptop debajo de mi cama me molestaba un poco pero no me paré a apagarla, para no despertarte. Esta mañana me desperté muy temprano pero traté de seguir durmiendo, aunque sé que te gusta levantarte temprano, quería estar otro rato contigo en la cama. Me dio frío, qué feo el frío de otoño, tenía poca frazada y halé un poco para mi, después me volteé para tomar tu mano y seguir durmiendo pero no estabas. Abrí los ojos y no estabas. Ah, verdad. Ayer te fuiste a Chile. Miré la mesita y estaban tus mentitas. Esas que tomabas antes de darme un beso en la mañana y yo metía mi cabeza bajo la almohada para no desmayarte con mi aliento matutino y tu te reías. En el baño aun está tu jabón antialérgico criogénico o como se llame. Lo boté. Tus cigarrillos mentolados, los que compraste en Puerto Madero, seguro me los fumaré cuando se acaben mis Marlboro. Ya debes ir mas allá de Mendoza, con el sombrero que te compraste en la feria, durmiendo, seguro, porque llevabas como veinte pastillas para dormir. Y yo estoy en San Telmo.

domingo, febrero 17, 2008

Pasado oloroso

Cítrico, dulce y agrio. Un olor que sólo puedo describir con la lengua. Olores que me transportan a un pasado nostálgico y lejano. El olor del limón y el café, del jabón de mi mamá y el olor de mi cocina. El olor no me podría transmitir mas que recuerdos. Un pequeño cofre de recuerdos nasales, que sin mi pasado serían simples olores, pero con algo de vida transcurrida, se vuelven sentimientos, experiencias, lugares, colores y personas. Un olor no debería ser un olor nunca. No tendría la gracia.

Visión con ojos cerrados

Un paisaje al frente mio, verde y azul. Calmo, natural. Cuatro cuartos conformando un todo. Un cuarto seguirá siendo verde y azul, para no olvidar lo que fue. Otro cuarto con sonrisas de café y pensamientos ahumados por el cigarrillo, impregnados del olor molesto de un cenicero ocre.
El tercero con el frío y húmedo smog de la ciudad gris, lleno de signos de exclamación en cada esquina, donde la letra cursiva e itálica sólo es recordada en libros y todos hablamos en ARIAL BLACK MAYÚSCULA. Blanco y Negro.
El último, el que aún no acaba, el que aún etá borroso, el que aún sigo construyendo. Donde todos los colores aún conviven, los olores aún no son recuerdos y los sonidos se fusionan.

sábado, noviembre 24, 2007

sueñññññññooooo

No se en dónde lo leí y lo escuché pero,y si realmente soy sólo el sueño de alguien? Si soy el sueño de un caracol en el jardín de Dios, queriendo ser algo más y haya soñado que Dios crea a un hombre y a una mujer y después sueña con mi vida y lo que soy? Siendo un sueño vale la pena lo que soy y lo que hago? Siendo un sueño soy el dueño de mis decisiones? Qué sentirán los personajes de mis sueños si se dan cuenta que sòlo son creación mi inconciente? Ta mañana

viernes, noviembre 23, 2007

2:22


Argentina. Buenos Aires. Calle defensa. Uno dos tres cinco. Sesenta y ocho. Piso ocho. Dos y veintidos de la mañana. Ya es sábado. Sábado 24 de Noviembre. Mañana conoceré, después de diez meses, Caminito. Ya no soy turista, pero pretendo serlo, porque vuelvo a mi país. Tomo vodka, pero esos tragos con gelatina. Hablo de Rafaella Carrá, tomo cerveza y río con mis amigos. Amigos de Perú, de Colombia y Argentina, pero esos tragos con gelatina. Hablo de Daft Punk y el ridículo baile alrededor de una mesa de centro en una sala de Bogotá y me burlo de mí mismo, pero esos tragos con gelatina. Me burlo de él y de ella, de las estrellas del mago o del hada madrina, recuerdo viejos o nuevos tiempos, celebro que Tere está en mi casa y me tomo fotos con ella y con ellos y con todos, pero esos tragos de gelatina. Mañana es mi despedida oficial de Buenos Aires en el 2007 y brindo por eso. Pienso en mi mamá y pienso que no he hablado con ella en mucho tiempo, como tres o cuatro días... Ah, pero esos tragos con gelatina. Me alegro por el regalo que recibo. Fabi y Nia se coparon con el regalo, pero esos tragos con gelatina. Gelatina con vodka, no sabes de lo que te pierdes si no los has probado. Los tragos de gelatina. Y ahora estoy solo y debo irme a dormir para poder ir mañana a caminito. y sigo pensando. ¡Qué tragos de gelatina! 3:33am y a dormir.

lunes, septiembre 24, 2007

Diario de una prostituta

Cuántos me ponés? Y sonrió como si la pregunta como respuesta a la pregunta anterior fuera la mas original y nadie nunca la hubiera usado antes. Yo también le sonreí, pero no le respondí. Tengo 24, le dije después de un rato, demostrando que la cuestión de la adivinanza de la edad no es mi juego favorito. Yo tengo 28, dijo un poco serio. Me volteé a mirarlo para no olvidarme de su cara. Si no te hubiera conocido en esta circunstancia, hubiera podido enamorarme de ti. Se lo dije sin quitarle los ojos de encima. Ahora era él quien no respondía, pero no sonrió. Veinte minutos después de silencio, se levantó de la cama, se vistió y se fue. No lo volví a ver. De todas maneras ya se me olvidó su cara.

lunes, septiembre 10, 2007

Dialogo de invierno

- Dime algo de corazón.
- Te quiero.
- Ahora miénteme.
- Te amo.

DOMINGO EN LA TARDE

- Buscaste debajo de la cama?
- No
- Pues busca ahí, tal vez la hayas botado mientras dormías.

Busqué debajo de la cama, debajo de la mesa de noche y detrás del closet, pero no la encontré por ningún lado. Hacía dos que noches había perdido la razón.

domingo, mayo 06, 2007

Encuentro en Buenos Aires


Ayer en la mañana lo encontramos. Me imagino que lo habré mirado como miro a gente extraña, a la que me parece extraña a mi. Como a un fanatico de Pink Floyd pero aún más extraño. Estaba atado al poste por una de esas pitas que sirven como para elevar las cometas, pero más gruesa y sucia. Se notaba que había tratado de romper la cuerda con su boca porque estaba toda carcomida, pero obviamente no lo había conseguido. Era muy pequeño. Tal vez alcanzaba los ochenta centimetros de altura. Si, demasiado pequeño. Y era como gris, o algo parecido, como ocre, como triste, como color aburrido y triste. Debió ser por estar a la intemperie que su piel se decoloró, supongo. Pero él no estaba triste, por lo menos cuando lo encontramos. Estaba muy rabioso y hacía muchos gestos de furia. Se nota que no sabía hablar porque hacía unos ruidos que al principio me asustaron mucho, pero después nos parecieron super cómicos, y en medio de todo nos terminamos riendo. Yo fui el primero en acercarme, traté de hablar con él, pero era inútil. Después Javier sacó un poco de pan que tenía en la mochila y se lo tiró. Comió un poco. A mi se me hizo parecido a Gollum, pero Gollum hablaba algo y era verde. Este era gris, pero seguramente sacado de la misma historia. Este no tenía orejas pero si oía. Me di cuenta cuando por debajo pasó el subte y el se quedó como mirando hacia todo lado buscando el sonido. Le hablamos así no nos entendiera, le cantamos asi no supiera qué era la música. Después de diez o doce minutos salió una mujer de la casa, nos miró con cara de pánico, desamarro al hombrecito y lo metió a la casa. El hombrecito entró obediente pero haciendo los mismos ruidos asustadores y cómicos. Ya adentro alcanzamos a escuchar a la señora gritando:
-Camelia! Otra vez hay gente alimentando a tu padre en la calle! Te dije que lo entraras después de que orinara!
Nos quedamos mirándonos las caras, Javier recogió el poco de pan que había quedado en el piso y lo botó a la caneca.
Todos seguimos caminando callados y yo no pude dejar de pensar en el color del hombrecito. Habrá sido su piel gris natural? Se destiñó por la lluvia? O será que por miedo o por tedio decidió hacerse invisible camuflándose con el color de esta ciudad?

miércoles, marzo 28, 2007

Sin Título (debe tener pero aún no lo encuentro)


El día gris lo buscó y las nubes oscuras, cuidadosamente, fueron escudriñando cada lugar donde pudiera estar. Viajaron por todo el país tratando de encontrar alguna pista de él. Pero aún así no lo encontraban. Entonces el día gris se puso triste y vagó por montañas y valles sin rumbo fijo. Y así llegó al sur. Más al sur de donde pensó encontrarlo. Y una tarde, sin andar buscándolo lo encontró.

Las nubes grises entonces se desperdigaron por todo el cielo y el día gris se mostró aún más gris que de costumbre, y se desnudó ante el.

Y allí donde lo encontró, allí permaneció día y noche durante 72 horas para hacerle recodar las tarde de jueves o domingo, de lunes o miércoles cuando él se quedaba viendo cómo el día se iba oscureciendo a pleno mediodía en un país donde todos creen que solo hay sol y playa.

El día gris esperó ver las lágrimas que solía ver en sus ojos y el profundo gesto de depresión que le gustaba observar cuando estaba en el país del sol. Pero se cansó de esperar, porque lo único que se le ocurrió a él ante el día gris y las nubes oscuras, fue recordar que tenía un lápiz y un papel y escribió una historia en un cuaderno mientras veía llover.

lunes, febrero 05, 2007

De la inminente llegada de la "adultez"


"los grandes son los que hacen las filas y hablan con la gente grande cuando hace las filas, yo sólo miro y espero"
Es una excelente descripcion de lo que piensa un niño o adolescente de la gente adulta... Aún sigo pensando que es así. Pero lo mas miedoso es que yo ya hablo con la gente grande y ya hago las filas y me toca lidiar a mi solo para sacar citas, ir a notarías, ministerios, bancos, etc. Prueba de fuego: Entrar a migracion, pasar por aduana y subirse a un avión completamente solo. Sin papá que acabe con todos los problemas y que hable con demás gente ¨grande¨, salir de casa jugando al adulto, cuando aún no me percato que lo soy. Dios! a qué horas me volví un adulto? A que horas dejé de ir a un centro comercial a correr por todo lado para sentarme en un Oma a tomar café? En que momento dejé de pensar en jugar a toda hora para sentarme a escribir un blog? No lo sé, pero la asfixiante conciencia de ser grande por irme solo a otro lugar es algo depresivo y alarmante al mismo tiempo. Sera que tampoco me daré cuenta cuando esté viejo, decrepito y a punto de morir? será que en mis últimos días simplemente diré "a que horas mori?"

martes, noviembre 07, 2006

Oda al papel higiénico


De repente la mesa del estudio estuvo llena de papel higiénico por todo lado, y aún así los mocos no paraban de salir... era una invasión de mocos! Mocos a las 10, mocos a las 11, mocos a toda hora. Una pastilla los paraba durante un par de horas y despues, volvían a surgir para volver loco al pobre Jorge. Sabía que su organismo estaba peleando contra el virus y trataba de sacarlo, pero los mocos eran desesperantes. Y por la noche... por la noche no había mocos. eso era bueno. Pero entonces la nariz estaba tan despejada que dolía respirar. Sentía cómo el aire helado llegaba hasta sus pulomones, aún helado y le daba tos y dolor de garganta, y en ese momento ansiaba que llegaran los mocos para no tener que taparse con la cobija y respirar un poco de aire tibio y que la garganta no doliera más, hasta que en el medio de su sufrimiento por su garganta podía conciliar el sueño, para al otro día despertarse con la nariz completamente obstruida y empezar de nuevo con la rutina del papel higiénico y empezar a lidiar de nuevo con sus mocos. Cuándo parará esto? De pronto nunca. Con la lluvia diaria, la humedad desbordante. "gracias a Dios no trabajo. Por fin encuentro qué hacer en mi casa... cuidarme la gripa y ver telelvisión y decir que estoy enfermo para que haya una excusa para estar en casa", pensaba Jorge mientras recogía los pedazos de papel que invadían con lentitud toda la mesa del estudio, prendía el pc y encontraba lo siguiente:

En la antigua Roma se practicó el hábito de la limpieza que hoy se asocia con el uso del papel. Una esponja amarrada a un palo y sumergida en un balde de agua salada estaba a disposición en los baños públicos. Los usuarios compartían la herramienta, con la que se "refrescaban".
En 1391 emperadores chinos ordenan la fabricación de hojas especiales para el baño, de 0,5 x 0,9 metros de longitud.
Los colonos norteamericanos prefirieron las mazorcas de maíz hasta bien entrado el siglo XVIII. Entretanto, en zonas costeras se echaba mano de conchas marinas, y en islas como Hawai la variante local eran las cortezas de coco.
En otras zonas rurales encontraban muy útiles los libros y revistas de toda clase. Cuando los periódicos se volvieron cosa común en la sala de la casa, a principios del siglo XVIII, pronto se hizo del baño su "segundo hogar".
El almanaque del agricultor venía con agujeros para una rápida acción de "lea y limpie". Los
catálogos de grandes almacenes, como Sears, no tenían desperdicio.
En 1857 el empresario neoyorquino Joseph Gayetti sacó a la venta el que llamó, con todo orgullo, "papel terapéutico Gayetti". Terapéutico, en verdad, dados los antecedentes: se trataba de hojas de papel especiales para el baño, aderezadas con humectante, y en presentación de quinientas por paquete, a 50 centavos de dólar cada uno; toda una fortuna para la época.
Inventores japoneses amenazan ahora con convertirlo en una especie en vías de extinción: en 1999 se dio a conocer el "inodoro sin papel", un aparato que lava, enjuaga y seca las partes del usuario automáticamente.
Tomado de
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_3497000/3497663.stm

lunes, octubre 30, 2006

dicotomía


Creo que nada es malo ni bueno, creo que los humanos tenemos una extraña tendencia dicotómica. O es blanco o es negro. O es bueno o es malo. O estoy feliz o estoy triste. Pero los intermedios pareciera que no cupieran en nuestra cabeza, que no fueran aceptados por nuestra mente, nuestra sociedad, nuestro sistema. Pareciera que el color gris fuera un error que debe arreglarse. Que si este color saliera en nuestro monitor, tuvieramos que darle unos cuantos golpes para que se arreglara. Podría llamarlo el síndrome del agricultor. El que debe elegir cuáles frutos vende a precio de primera calidad y cuáles a precio de baja calidad. Como si todo lo tuvieramos que seleccionar y etiquetar. Síndrome del psico-rígido. Síndrome del excluyente...

A veces me impresiono cómo empiezo a escribir y al leer la primera y la última frase me doy cuenta de que no tengo la más mínima idea de lo que quería decir.

domingo, octubre 22, 2006

Lluvia repentina

Por acá está lloviendo durísimo, le digo. Qué días tan raros, responde. Como tú, pienso yo, pero no se lo digo. Para qué decírselo si va a empezar con "como asi? por qué?" y otras preguntas que no me ayudarían a seguir estropeando lo que podría llegar a sentir. Mas bien termino con un "uy si, total". Fin de la conversación.

jueves, junio 08, 2006

THIS MUST BE UNDERWATER LOVE


"this must be underwater love... this must be underwater love... this must be underwater love..."

La Coca Cola aún está por la mitad, y la botella está tumbada de lado. El vidrio panorámico empieza a empañarse, y bajo las ventanas. Yo estoy de copiloto y miro cómo las gotas caen sobre el vidrio, estrellándose contra nuestra realidad, con dolor, contra el asfalto, contra las ventanas y techos... y la música, ignorante del dolor de la lluvia, sigue sonando:

"this must be underwater love... this must be underwater love"

- Underwater love?- pregunto.

- Si, underwater love...-responde.

- Que frase tan ridícula - pienso - ni siquiera la cantante debe saber a qué se refiere.

Me quedo pensando mucho mirando la lluvia caer, mientras que mi acompañante está como bailando mientras oye la canción, caundo se da cuenta que yo no hablo. Que sólo miro por la ventana, pero sin mirar... se queda mirándome y me pregunta

- Qué le pasa?

Yo le digo que nada, porque me da mamera empezar una de esas conversaciones cursis del amor y la existencia y todas esas vainas.

"this must be underwater love, this must be underwater love"

Me da la misma. Para qué tratar de entender qué es el amor bajo el agua, si ni siquiera sé si entiendo el amor.

jueves, marzo 23, 2006

Hormigas


Camino con la cabeza baja y empiezo a bajar las escaleras. Llevo los libros en mi mano izquierda mientras que en la derecha sostengo el primer cigarrillo del día. Miro tan bajo que a duras penas alcanzo a ver lo que hay en mi siguiente paso, y sigo absorto en pensamientos tan lacónicos e inútiles que no logro recordar. Mis zapatos. Es lo único interesante y colorido que logro ver, como si mis ojos fueran a dolerme si miro al horizonte, como si no quisieran descubrir el caos que puede haber al frente mío. Estoy a punto de terminar de bajar las escaleras y mis pies se encuentran de repente con otros pies y a duras penas logro ver esto cuando tropiezo con esta niña que me hace apagar el cigarrillo contra la pared y a ella se le revuelcan las gafas en su cara. Durante unos 3 segundos nos quedamos mirando, y sin decir una palabra logro hacer entender mis disculpas y acepto las de ella. Miro al piso y empiezo a andar. Pero ella dice

- No quiero ser una hormiga!

El comentario me deja inmóvil en la mitad del pasillo y volteo a mirarla para escudriñar en su cara algo de lógica o algo de insecto. Ella sigue mirándome, pero ahora creo ver en su cara algo de tristeza, de nostalgia y dice de nuevo:

- No quiero ser una hormiga, de esas que tropiezan con la otra y simplemente siguen caminando. Por Dios! Somos humanos! ¿No deberíamos actuar como tales? Dejemos de ser hormigas! Dime algo.

La invito a un café, cosa que no hacen las hormigas y que creo hará superar su crisis de fobia a estos insectos. Ella habla de su vida, su exnovio, su trabajo y la carrera que habría querido estudiar, y la que estudió, y sus padres y su casa y su arriendo y su carro y la pantalla de su pc que acaba de explotar y que tiene que comprar otra.

Hablo entonces yo, del clima, de mi carrera, del trabajo que no consigo, de mi increíble obsesión con la playa, del alcohol, de los amigos, de mis papás, de la tinta de mi impresora que vuelve las hojas negras y la pintura de mi cuarto, que aún no he terminado.

El café termina y nos quedamos ambos absortos con las tazas vacías, mirándolas como si ellas por compasión a nosotros fueran a llenarse de nuevo. Yo me acomodo en mi silla, ella se acomoda sus gafas de nuevo. Nos paramos sin hablar, caminamos unas 4 cuadras empecinados en mirar nuestros zapatos. Ella habla de qué tarde se ha hecho, ya son las 9 de la mañana y yo pienso que hasta ahora sólo llevo un cigarrillo y que quiero otro, me pregunta para dónde voy y yo le respondo: para el cementerio. Ella hace un gesto con su cara y me desea buen rumbo, mientras que me comenta alejándose que ella tiene que abrir su vivero y que tiene que andar un poco de prisa.


Somos hormigas parlantes. Por eso a veces, cuando nos tropezamos con otras duramos un tiempo para dejarnos ir, pero al fin y al cabo ella seguirá con su vida y su pantalla explotada y yo seguiré con la mía y mi impresora dañada, sin que realmente nos importe. Cada uno cargará su pedazo de hoja y tropezará con otros que también lo hagan, pero a diferencia de las hormigas, tomaremos café y elegiremos carreras y buscaremos trabajo y podremos decir de vez en cuando "no quiero ser una hormiga".